domingo, 27 de julio de 2008

MARCO TEÓRICO (Taller de escritura)

Para darle inicio a una sustentación teórica del taller de escritura, es necesario ubicar al lector en algunas consideraciones atribuidas al ejercicio de escribir. Primero que todo, se debe resaltar la capacidad simbólica o el aspecto simbólico del hombre;[1] comprendiendo esta concepción simbólica del ser, es más sencillo darle al ejercicio de la escritura algunas nociones objetivas de lo que significa escribir en el aula. Es necesario comprender la escritura como una tecnología del pensamiento y a su vez como un complejo fenómeno semiótico[2]. La escritura es una tecnología acta para la apropiación y comprensión del lenguaje; es una herramienta de construcción lógica del pensamiento[3] y además, sirve como exploradora de la conciencia humana, como canal al dolor y por supuesto, a la felicidad. Asimismo, la escritura establece un encuentro a profundidad con la vida, la existencia y la muerte.

Otras nociones sobre escritura han contribuido a replantear los conceptos tratados en el taller y han servido de pilar para su creación. Es de gran importancia comprender la escritura como una forma de usar el lenguaje, de realizar acciones para conseguir objetivos[4]. El hombre constantemente utiliza sus herramientas para cumplir algo deseado, para lograr una meta. Es por eso que, es necesario hacerle comprender al estudiante la fuerza y la influencia que posee el texto escrito en la sociedad. Entre tanto, el aprender a escribir es darle a la integridad del estudiante una serie de valores sociales y morales útiles para vivir en comunidad; escribir no sólo alcanza una dimensión educativa y estética, escribir puede adquirir una dimensión política[5]. En contadas palabras, el taller de escritura se aferra fuertemente a la propuesta de Daniel Cassany cuando se refiere al aprendizaje de la escritura como un elemento que transforma la mente del sujeto, atribuyéndole también al uso escrito propiedades que facilitan el desarrollo de nuevas capacidades intelectuales, tales como el análisis, el razonamiento lógico, la distinción entre datos e interpretación o la adquisición del metalenguaje[6].

Ahora bien, más que una propuesta sobre nociones de escritura, el trabajo hace énfasis en cómo aquellas nociones se deben tener en cuenta para un aprendizaje óptimo del código escrito, es decir, el cómo enseñar a escribir por medio de un taller. En este trabajo también se adoptan las tesis que defienden la mediación de la oralidad como elemento imprescindible para la adquisición del código escrito:[7] “El niño y el adolescente acceden al escrito a través del diálogo”.[8] Esto es importante para el taller, ya que la explicación del tema a tratar, la comprensión y asimilación de este, se fundamentan en la oralidad que domina el profesor, y sólo así, el estudiante es capaz de reconocer y abstraer su pensamiento a códigos escritos. También, se alude al trabajo en conjunto por su carácter formativo y motivador en el estudiante: “El trabajo cooperativo resulta mucho más beneficioso: genera motivación intrínseca, fomenta actitudes positivas e incluso consigue un mejor rendimiento de aprendizaje.[9]

Por un lado, la elaboración del taller acoge propuestas de trabajo en conjunto, con la intención de que cada estudiante asuma responsabilidades hacia su él mismo, los compañeros, el profesor y sobre todo, hacia su proceso de aprendizaje. Es lo que llama Daniel Cassany “interdependencia positiva”.[10] De este concepto, se defiende la idea de valorar positivamente las “ayudas” que cada aprendiz ofrece a sus compañeros, en forma de aportación de contenido para un texto, revisión de aspectos formales, lectura e intercambio de opiniones.[11]Por otro lado, es complicado abordar un taller de escritura sin tener claro los objetivos de la enseñanza. Este taller está enfocado hacia los dos objetivos de enseñanza específicos propuestos por Daniel Cassany: Adquisición de información e incrementar la conciencia sobre la composición.

Respecto a la adquisición de la información, cabe decir que en este objetivo se encuentran aquellas actividades que van dirigidas a incrementar los conocimientos del aprendiz sobre la lengua escrita, los procesos de composición o las actitudes y valores de la escritura.[12] La adquisición de la información es la base por la cual el estudiante sustentará su producción escrita, al mismo tiempo, es fundamental porque proporciona los conocimientos necesarios para el desenvolvimiento y desarrollo del taller. El incrementar la conciencia sobre la composición resulta igual de importante al primer objetivo puesto que el aprendiz adquiere la capacidad de analizar los distintos pasos que sigue; que se dé cuenta de los bloqueos que acontecen, que identifique y verbalice las emociones y las sensaciones que tiene, que las contraste con las de los compañeros y del docente”. [13]No hay que olvidar la importancia del modelado a la hora de abordar el taller. El profesor es el que debe dirigir de principio a fin la elaboración del taller de escritura. Es en él en quien recae la responsabilidad; aquel capitán que orienta a su tripulación hacia nuevas tierras. Dice Cassany que se debe empezar a escribir con los aprendices y ofrecerles modelos “expertos” del proceso de composición.[14]

De la mayoría de los aspectos tratados en la elaboración del taller de escritura, la cooperación entre los estudiantes adquiere un papel delicado y preciso, es decir, mientras exista el reconocimiento del otro; de su forma de pensar y opinar, una aprobación de sus acciones, una conversación sobre la actividad compositiva; el proceso de aprendizaje tendrá un desarrollo óptimo y agradable en el estudiante. Entre las formas adoptadas en este trabajo, se pueden señalar las siguientes:

  • Diversos aprendices trabajan juntos durante toda la composición, el aprendiz trabaja solo, en principio, y la responsabilidad del texto es individual, pero cuenta con la ayuda de compañeros para resolver tareas como: otro lee un borrador y le da una visión de lector intermedio[15]

Para el desarrollo del taller, se ha tenido en cuenta diversos componentes destinados a aprender a redactar biografías. Entre los cuales cabe destacar el contexto real (pone en contacto al aprendiz por primera vez con el uso lingüístico que aprenderá) el calentamiento (preparar psicológicamente al aprendiz para la secuencia), la presentación de ítem (ofrecer a los estudiantes el material lingüístico necesario para producir el uso que se está aprendiendo) las prácticas controladas (el estudiante ejercita las formas lingüísticas adquiridas). Es importante tener en cuenta que hay que trabajar sobre unidades completas de significación, textos completos y no fragmentados, además, el trabajo va dirigido a estudiantes en condiciones de comprender, interpretar, analizar y producir textos según sus necesidades de acción y comunicación.[16]Asimismo, el trabajo aborda aquellos procesos referidos al nivel intratextual, haciendo énfasis en la superestructura textual, es decir, la forma global como se organizan los componentes de un texto, el esquema lógico de organización del texto.

A manera de conclusión, el taller de escritura es un trabajo en conjunto, que posee unos objetivos y una estructura, en donde el rol del profesor abarca espacios fundamentales y la cooperación mutua es el motor del aprendizaje. Es por eso que el taller se ve en la necesidad de abarcar todos estos conceptos para la conformación de un proyecto que se acople a las necesidades de los estudiantes y a las necesidades que exige la identificación y el dominio de la escritura.



[1] GÓMEZ MORENO, Wilson. Cinco apuntes sobre escritura. En: APUNTES AL MARGEN, Didáctica de la escritura. Editorial Sistemas y Computadores. Bucaramanga 2008. Pág. 37.

[2] Ibíd. Pág. 40.

[3] Ibíd. Pág. 41.

[4] CASSANY, Daniel. CONSTRUIR LA ESCRITURA. Capítulo 1: ¿Qué es escribir? Editorial Paidós. 1999. Pág. 25.

[5] Ibíd. Pág. 38.

[6] Ibíd. Pág. 47.

[7] CASSANY, Daniel. CONSTRUIR LA ESCRITURA. Capítulo 3: ¿ Cómo enseñar? Editorial Paidós. 1999. Pág. 144.

[8] Ibíd. Pág. 144.

[9] Ibíd. Pág. 147.

[10] Ibíd. Pág. 148.

[11] Ibíd. Pág. 148.

[12] Ibíd. Pág. 152.

[13] Ibíd. Pág. 153.

[14] Ibíd. Pág. 156.

[15] Ibíd. Pág. 158.

[16] Lineamientos curriculares. Lengua castellana. Un eje referido a los procesos de interpretación y producción de textos. Pág. 61.

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